Las fuentes naturales se han revelado recientemente como los puntos calientes de biodiversidad del ecosistema mediterráneo más ricos en especies. El agua lo es todo aquí, en el paisaje mediterráneo. También para nuestra especie. Por ello, los manantiales configuran además un espacio singular y esencial para el hombre, de tal modo que nuestra relación con las fuentes ha dado lugar a una expresión cultural de una riqueza excepcional.
Por otro lado, pese a que de ellas parece depender el destino de una gran fracción de la biodiversidad ibérica, resulta evidente que son un hábitat extraordinariamente frágil y vulnerable: la continuidad de las surgencias hidrológicas que hacen posible e impulsan ecológica y biológicamente las fuentes naturales podría estar seriamente amenazada por efecto del cambio climático. Del mismo modo, otras presiones, como son la sobreexplotación y la contaminación de los acuíferos de los que dependen, ejercen un efecto concomitante en la desaparición y degradación del hábitat. Por si eso fuese poco, la escasez de su representatividad superficial a escala territorial (mínima desde el punto de vista cuantitativo) y su más que evidente fragilidad física, son factores que subrayan su vulnerabilidad. Lo cierto es que cada vez es mayor el número de casos de desaparición de fuentes naturales que se conocen, e incluso se documenta frecuentemente el colapso de sistemas fontinales enteros. Nada se sabe de la cadencia con la cual se está produciendo la pérdida de este hábitat y el coste biológico y ecológico que puede acarrear.
Inexplicablemente, pese a la trascendencia ecológica y biológica y la vulnerabilidad que parece poseer el hábitat, por diferentes causas ha quedado de facto
fuera del amparo de la estrategia europea de conservación de la naturaleza y la biodiversidad, articulada principalmente a través de las Directivas Hábitats (92/43/CEE), Aves (79/409/CEE) y Marco del Agua (2000/60/CE).
Pese a su importancia y vulnerabilidad, las fuentes naturales continúan siendo uno de los hábitats más inexplorados y desconocidos desde el punto de vista biológico. Prácticamente tampoco han sido desarrollados estudios que permitan comprender su ecología y las funciones que desarrollan a escala ecosistémica. Por último, no existen experiencias ni el conocimiento adecuado para acometer la restauración ecológica plena e integral de fuentes o de sistemas fontinales.
Como consecuencia de todo lo anterior, resulta evidente que
la conservación del ecosistema fontinal debe convertirse en un reto de primer orden y de la máxima urgencia. Para ello será necesario alertar, sensibilizar e implicar decididamente a administraciones públicas, comunidad científica, gestores y técnicos, y a todos los grupos de interés, incluyendo a las entidades conservacionistas y propietarios.
De algún modo, este es el objetivo primordial del Primer Simposio Ibérico sobre Conservación de Ecosistemas Fontinales (SICEF). Su impulso viene motivado por
la necesidad de crear un escenario de ámbito ibérico que reúna a todos los expertos, agentes y administraciones implicados en la conservación de las fuentes naturales, y dentro del cual puedan exponerse los avances en el estudio y conocimiento, la restauración y la gestión de los sistemas fontinales mediterráneos. Debe además consolidarse como un
foro de debate desde el cual impulsar estrategias de conservación del hábitat en todos los ámbitos y escalas territoriales.
Los relieves positivos de los principales ejes montañosos albergan los más relevantes y mejor preservados sistemas fontinales de la iberia mediterránea. Estos dominios se encuentran en su mayor parte integrados en espacios naturales, bajo diferentes figuras jurídicas. Resulta evidente que la existencia de dichos espacios constituye un elemento de oportunidad de primer orden para articular mejoras urgentes y directas en la conservación del hábitat. Ese es precisamente el motivo por el cual
este primer simposio centrará singularmente el debate en torno al papel que deberán desarrollar los espacios naturales mediterráneos en la conservación del ecosistema fontinal.